Así que hoy surfeaba el internet y me encontré con la noticia de que Joe T. Hodo, un tejano medio chambón, quiere ser presidente de México con un partido que se llama GUERO. Está a favor de contaminar la tierra porque, ¿para qué otra cosa es la tierra sino para contaminarla?, de que el dólar llegue a 40 pesos, de comprar votos con viajes a Disneyland, de privatizar todo lo privatizable y de entregar México a los extranjeros (sus dueños naturales) sin burocracia y sin intermediarios.

Por eso el lema de su campaña es: “¿Para qué necesitas una Malinche cuando puedes tener un Cortés?”

Joe tiene un show en el que habla sobre sus proyectos y su visión acerca de México.

El tipo es una joya, una broma de las bonitas.

Hace varios meses que empecé a escribir un proyecto de 10 cuentos en los que paso revista, actualizo y ridiculizo a ciertos personajes y a ciertos eventos de la historia mexicana. Mi tutor de proyecto (la última vez que se dignó a darme un comentario) me dijo que mis cuentos podrían ser “menos fantásticos y más históricos”. Mi amigo y semieditor Daniel Centeno siempre me dice que yo escribo surrealismo o expresionismo fantástico o algo así, pero nunca realismo.

Últimamente, sin embargo, la realidad no hace otra cosa que desmoronarse, así que creo que tenemos que reformular nuestro concepto de realismo para hacerlo más incluyente, o bien aceptar que el realismo (esta pretensión de que todo lo que pasa es normal y explicable) es en realidad la ficción más grande de nuestros días, o no sé, pero bueno, la cosa es que aquí los dejo con 5 momentos en los que Joe T. Hodo (este tipo real) dijo cosas que yo he dicho en mis cuentos surrealistas fantásticos.

1. Comprar a la gente con viajes a Disneyland

Joe T. Hodo dice:

–Bueno, todo en esta vida se negocia. No estoy preocupado. Si de por sí he encontrado que muchas leyes en este país son flexibles, ¿por qué esa no?

–¿Las cambiarías con boletos para obras musicales, como decías?

–Ese es el problema. El gobierno actual piensa en chico. Solamente compran a la gente con tarjetas de Soriana para votar. Yo puedo hasta comprar viajes a Disneylandia para pueblos enteros. Si vamos a comprar los votos, que tenga valor.

Lo que escribí:

No pensaba montarme a un avión e ir a Disneyland con este abyecto renacuajo.

Se me ocurrió llamar a la policía, pero, ¿qué iba a decirles después de todo? “Hola policía corrupta mexicana. Mi papá está secuestrado en la casa de al lado. Aunque no sé si secuestrado es el término correcto porque digamos que fue algo así como un secuestro consensuado. ¿Existe el secuestro consensuado? Bueno pues, en todo caso, mi padre no quiere volver a la casa y, para calmar nuestra conciencia, su captor nos va a llevar a Disneyland este verano”.

–  Del cuento También en Plutón hay una ciudad que se llama Estocolmo

2. Corrupción ridícula y a lo grande

Joe T. Hodo dice:

–¿Somos corruptos?

–Se mal entiende mucho. La gente por ejemplo da 50 pesos al policía, pero después siente remordimiento por ser un país de corruptos. Yo les puedo enseñar cómo es comprar toda una policía federal. No son nada corruptos en comparación a mí, pero yo no lo veo como algo malo, sino como una inversión. Hay un problema de terminología.

–Pero Joe, intentaste sobornar a la policía comunitaria de Guerrero y no se dejó.

–Sí… por eso son tan atrasados. No saben aceptar una buena oferta. Ni siquiera quieren abrir su tierra para las minas. Tengo que hacer más trabajo previo con ellos. Ellos dicen que me van a reeducar. Yo los voy a reeducar a ellos.

Lo que escribí:

Quién sabe si unos spots publicitarios que dijeran “¡No rehúses! Tu felicidad tiene un precio y lo sabes, ¡véndete!” habrían servido para aliviar el acuciante problema de la parálisis.

En realidad, el estado natural de los grupos de interés de una nación –y de todos los hombres– es la parálisis. El soborno es una ignición, un motivo, la chispa divina que pone a los mundos en marcha. Los libros de autoayuda hablan de autosoborno, de autorecompensa. Ningún cavernícola se habría atrevido a cazar un mamut de no ser por el autosoborno futuro de vestir la piel del mamut y de comerse su carne; de lo que se sigue que la evolución humana ha estado siempre motivada por el soborno.

Heráclito mismo fue el primer apólogo del soborno como forma de vida. Tanta insistencia en el movimiento, en el flujo. La corrupción es puro flujo. La honradez, en cambio, es la parálisis del espíritu.

Así que un país que se vuelve honesto se paraliza.

-Del cuento Rehúso, señor presidente

3. Los retrasados

Joe T. Hodo dice:

Además, ya le falta un tornillo [a López Obrador]. Tengo de muy buena fuente que ya ni puede hablar y que anda detrás de unas palomitas en Guanajuato como un retrasado mental. Tengo video exclusivo de ese tipo persiguiendo palomitas. Yo siempre vengo armado; ya hubiera matado esa paloma de un solo tiro.

Lo que escribí:

Porque ése era el vicio oculto del presidente. La Manzanita Sol. Con hielo. Sin hielo. Con vodka. Marinando una chuleta de cerdo. Nadie sabe qué porcentaje del erario público se gastaba en comprarle sus Manzanitas Sol y sus Cajitas Felices al presidente.

Chong, el secretario de gobernación, siempre andaba detrás de él, arreándolo, “Mira, presi, tú mándale una invitación a Donald Trump y, después de que te reúnas con él aquí en Palacio Nacional, te llevamos a desayunar al McDonald’s”. “Te preparamos chuletas con Manzanita”.

Siempre me dijeron que viera con buenos ojos las ventajas de tener a un tarado sentado en la silla del presidente. Y se las vi. Traté de vérselas. Pero llegó un día en el que me cansé de tratar con sus mariconadas…

-Del cuento Democracy 4.

4. Los ambientalocos

Joe T. Hodo dice:

–Tienes tu instituto Frack U para educar a los mexicanos sobre los beneficios del fracking (extracción de gas natural del suelo), ¿cuáles son?

–Hay muchos beneficios. ¡Todo el mercado de gas que se va a abrir al hacer la fractura hidráulica! Vengo de un país que requiere de mucho gas y eso significa un beneficio excelente para mí. Hay algunos ambientalistas chillones que dicen que estamos contaminando. No lo veo así. Estamos agregando valor a la tierra mexicana porque dejamos más de 300 químicos cada vez que abrimos un pozo de fracking. Estamos haciendo el favor de dejar esos materiales para futuras generaciones. Tengo fe en los misterios de la ciencia. Químicos como el benceno no sabemos cómo va  a mejorar el agua, pero con el tiempo se verán sus efectos… positivos, confío.

(…)

Lo único malo es que hay aproximadamente 30 pueblos que no saben lo que es bueno. Reclaman que no permitirán entrar al fracking. Eso es un gran error. Puede pasar que más pueblos vean eso y tengan la idea de hacer lo mismo. No entiendo, ¿se creen dueños de su propia tierra o qué? Todo eso es berrinche de hippies. Están en contra principalmente porque son supersticiosos, gente de la edad media que teme que los químicos dañen a sus mantos acuíferos.

Lo que escribí:

Yo sé quiénes son ustedes, le dijo o quiso decirle, aunque en realidad no estaba seguro de quiénes eran, yo sé quiénes son ustedes y sé que están molestos porque les arrebaté su comuna o la de sus amiguitos o la de quien haya sido, y porque destruí sus palafitos y porque construí sobre las ruinas un hotel que sí, yo sé, no cumple precisamente con todas las regulaciones ambientales. La planta de tratamiento de aguas es un adorno, yo lo sé, nadie la usa. El mar se sigue contaminando, sí, pero, ¿qué esperaban, muchachones? ¿De verdad creyeron que se podía escapar de la civilización así nada más?

(…)

Quería decir eso pero no tenía palabras, así que sólo les dijo que más bien deberían de darle las gracias. Yo los saqué de esa barbarie en la que estaban metidos, de esa absurda vida ecológica en la que reciclaban sus heces y a todas luces trataban de involucionar a las sociedades humanas.

¿Qué pretendían, muchachos?

Aunque algunos de ustedes, de hecho, sí supieron ser agradecidos. Yo los reintegré a la sociedad. Ahora trabajan como bell boys o como room service o como camareras y tienen futuros prósperos en mi consorcio turístico.

Sean agradecidos ustedes también.

-Del cuento No vayas. Es una trampa.

5. Las privatizaciones

Joe T. Hodo dice:

-Yo veo mucho ineficiencia. Yo tengo amigos que tienen compañías de cárceles privadas. El gobierno paga la compañía y ellos administran a la cárcel. ¿Quieres que yo ponga en contacto a tu policía comunitaria con mis amigos para que les construyan una belleza de cárcel?

Lo que escribí:

Las cárceles se llenaron tan rápido de abúlicos presos políticos que, en un efluvio de creatividad sorpresa, Justina le sugirió al presidente Díez que abrieran las prisiones a la iniciativa privada y las convirtieran en empresas.

–¿Ve cómo le dije que todo estaría bien, señor presidente? –Justina sonreía con una mueca rectilínea, una especie de gesto que en realidad aparecía en los libros de matemáticas, en un capítulo que congregaba a todas las aberraciones geométricas–. ¡Ahora hasta tenemos una nueva fuente de riqueza para engrosar nuestro presupuesto!

-Del cuento Rehúso, señor presidente

Así que ya lo saben, ¿para qué necesitas una Malinche cuando puedes tener un Cortés?

Letras chiquitas: en realidad parece que Joe T. Hodo es un proyecto de School of Authentic Journalism. Pueden hacer clic aquí para donar a su campaña de Kickstarter y ayudarles a producir más episodios.

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