Tuve uno de esos días productivos en los que uno hace arder el mundo con un simple postcito de Facebook. ¿El motivo? Hace algunas semanas comenté en un blog una entrada que tenía el muy escandaloso título de “El coito apesta” y en el cual una agradable activista feministoide nos explicaba por qué la relación sexual con un hombre (y el hombre, dicho sea de paso) es algo que a toda mujer le estorba más que un cono vial en pleno carril central de Periférico.

Con un poquito de sarcasmo se me ocurrió comentarle que, con esas generalizaciones acerca del género masculino, no me sorprendía que las feministas no obtuvieran el respeto de los hombres y que, muy al contrario, se ganasen el deshonroso calificativo de feminazis.

La respuesta de esta chica –a la que de momento llamaremos La Blogger Chuchita- llegó casi dos meses más tarde y me dio un poderoso ejemplo de justo el punto que trataba de comentarle. Y cito:

chuchita

No sé si la buena de Chuchita se dio cuenta del potencial de su comentario. Quiero decir, de su potencial de hacerme pasar una mañana entretenida, porque de inmediato lo colgué de mi muro de Facebook, fui por galletas de chocolate y me dispuse a disfrutar de una increíble pelea cibernética.

De un lado, ya saben, estaba la gente que creyó que las feminazis estaban amenazando con desintegrar a todos los machos patriarcales privilegiados del planeta (porque obvio todos los hombres son privilegiados). Y del otro, las feministas que salieron a decir que ese comentario era sarcasmo, que el feminismo es igualdad y que Chuchita no hablaba de asesinato en masa, etcétera, etcétera.

A mí me tomó varias lecturas entender que, en su comentario, La Blogger Chuchita hablaba en realidad de desmontar el estereotipo de género masculino, es decir, de desmontar la idea tradicional –y quizás opresiva- de la masculinidad y no de aniquilar a la mitad de la población humana. No me imagino lo que pensó el común de la gente que escasamente tiene claro que existe una diferencia conceptual entre género y sexo.

Por eso mismo lo que más me sorprendió de la pelea fue la simpatía natural de casi todas las feministas por Chuchita, su resistencia a creer que esta célebre blogger de verdad pone en su blog cosas como que si eres hombre mejor ni comentes, o que mejor te vayas a ver un foro de automóviles, porque eso sí vas a poder entenderlo.

¿Decirle a un hombre que se vaya a ver autos no es igual que decirle a una mujer que se vaya a la cocina?
¿Decirle a un hombre que se vaya a ver autos no es igual que decirle a una mujer que se vaya a la cocina?

Es como si algunas feministas se negasen a admitir, a creer, o por lo menos a darle importancia al hecho que un cierto porcentaje de sus adeptas –desconozco la cifra, por algo no fui académica- hace serios coqueteos con la misandria y el hembrismo.

En su lugar, mucha chava feminista va a decirte –o a insinuar- que el que estás mal eres tú por cuestionar que el feminismo busca la igualdad, por utilizar términos como feminazi partiendo de tu desconocimiento de lo que significa el feminismo; porque, si estuvieras educado e informado, sabrías que al feminismo también le preocupan los problemas de los hombres.

Yo sé que esto es real, tengo muchas amigas que practican un feminismo inspirador y positivo, y, sin embargo, si el feminismo busca la igualdad, ¿por qué uno sigue viendo material feminista tan agresivo para el hombre como el de La Blogger Chuchita? Es decir, si el comentario de La Blogger Chuchita suena vagamente a la expresión de sus deseos de asesinato en masa –y vaya que no sólo a mí me sonó a eso- ¿es culpa de uno por no estar informado sobre el feminismo y no entenderle mejor a Chuchita?, ¿o es culpa de Chuchita por no utilizar un lenguaje menos agresivo?

Y, si después de ver lo que hay que ver en muchos sitios que se hacen llamar feministas, uno siente la tentación de llamarles feminazis, ¿es problema de uno por no estar suficientemente informado?, ¿o es culpa de las feministas por ser excesivamente indulgentes con manifestaciones que claramente no corresponden al feminismo?

Vamos, yo entiendo que sí hay mucha ignorancia y mucha agresividad entre nosotros, el público no feminista, pero, antes de evangelizarnos, ¿no deberían empezar las feministas por combatir la ignorancia y la agresión adentro de sus propias filas?

Porque si no, entonces el desprestigio no viene del poder queriendo disuadir a las feministas de su afán cuestionador y revolucionario; viene de ellas mismas dejando que por la red circule impunemente el lado más oscuro de su movimiento.

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