Antes me preguntaba por qué MissAntropía fabricaba tantos textos sobre la insulsez y las decepciones de la vida laboral citadina. Parece que es un tema lo bastante anodino como para traerlo a cuento cada vez que uno tiene chance, pero ahora comprendo que tener un trabajo no sólo implica tener menos tiempo libre: también implica que ahora lo más interesante que te pasa en el día es que un tipo que trabaja en la planta de Austin te escribe para pedirte ayuda con las conexiones a una aplicación y de paso te dice que deberías de ir a Austin a disfrutar del verano.

Claro señor, ahorita mismo me voy a Austin, ¿no ve que estoy pudriéndome de tiempo libre? Además, ¿qué?, ¿le parece que tengo ganas de pasar el verano en un sitio más caliente que el mío?

Con esa aridez de tiempo y de estímulos, de repente descubres que ya llevas dos semanas sin escribir nada que tenga el más mínimo sentido. Así que, cuando intentas retomar los buenos hábitos y te preguntas de qué vas a escribir ahora, decides que harás un artículo sobre un tema emocionantísimo e increíble:

Las cinco cosas que no te contó Philip K. Dick (ni nadie) sobre la vida en un gran corporativo.

  1. Nunca –pero nunca- tienes ni la menor idea de qué es lo que estás haciendo
Yo, en el trabajo
Yo, en el trabajo

O quizás sólo soy yo, que estudié Arte Digital y estoy trabajando en Sistemas, pero más allá de que yo no conozca la diferencia entre un swicth y un router (y mi trabajo tenga que ver con ambos), lo que sucede es que de repente alguien te pide que resuelvas un problema en la India o en algún sitio más lejano. Lo resuelves y todos son muy felices, pero el nivel de especificidad del trabajo y la poca información de la que dispones hace que no tengas ni la menor idea de qué fue exactamente lo que resolviste, a quién afecta, qué implicaciones tiene o para qué sirve.

Te conviertes en una especie de administrador de unos recursos que no son más que vaguedades numéricas y creo que hace falta una increíble capacidad de abstracción y un buen lavado de cerebro para creerte aquella de que estás haciendo algo importantísimo porque todos somos vitales para la salud del corporativo.

  1. Burocracia, burocracia y más burocracia

Si alguna vez trabajaste en una empresa pequeña, habrás tenido quizás la experiencia de ser todólogo. Ya sabes, eres diseñador, pero igual te piden que programes para web, que llenes los reportes de métricas de tus compañeros, que cocines pizza y que participes en un equipo de innovación continua.

Esto no pasa en los grandes corporativos porque alguien cuya única función era llenar tablas en Excel, ya desperdició horas de su vida en llenar una tabla con descripciones minuciosísimas de cada puesto. Así, quizás recibas una asignación de trabajo sólo para descubrir que ups, esto no me toca a mí, hay que pasarlo al siguiente escritorio, quien a su vez dirá que ups, tampoco le toca a él y la tarea se morirá de tristeza en su tour infinito por la increíble burocracia de la compañía.

  1. Menos responsabilidad, más alienaciones

Las dos circunstancias anteriores desembocan en esta creciente impresión de no ser responsable de nada. Esto es muy bonito en realidad. Una vez que le agarras la maña, descubres que no ser responsable de nada te permite escribir mientras tu cola de tareas está vacía –nunca tuve una cola de tareas vacía mientras fui todóloga en una empresa pequeña-, pero creo que, para la gente que se lo toma en serio, debe ser bastante triste saber que estás manco y ciego en lo que a tu trabajo se refiere. Me suena a que es lo que jabibi[1] Marx llamaría alienación, ya saben: no tener el más mínimo vínculo con el producto final del trabajo que estás realizando.

  1. Tampoco sabes para quién trabajas

Y entonces hablo con mi amiga que igual trabaja aquí pero en la planta de Toluquilla y le pregunto, “¿Y qué haces tú exactamente?” y me dice que mete órdenes de venta para la Armada de Estados Unidos. Que tiene mucho trabajo porque la Armada compra volúmenes grandísimos.

Olvídense de la alienación. Ahora sabemos cuál es –uno de tantos- el destino de nuestro trabajo.

Cpl. Jared Jenkins and 1st.Sgt.Arthur Abiera, Apache Troop, 1st Squadron, 33rd Cavalry Regiment, 3rd Brigade Combat Team, 101st Airborne Division, search a home during a routine presence patrol on the outskirts of Sadr City, Iraq.
Uno aquí, trabajando sin saberlo para estos sujetos.
  1. Viernes de sorpresas

Todo este sinsentido se compensa con la paga de cada dos viernes, que usualmente es mucho mayor que la que obtendrías en una empresa pequeña. Si la paga no es suficiente, entonces recuerda que te regalan mochilas, loncheras y compus a buen precio siempre con el logo de la compañía. Si todavía no es suficiente, recuerda que los viernes a las nueve y media regalan empanadas o panecillos.

¿Quién no vende su libertad por unas mantecadas Bimbo?

[1] Mi novio tenía un profesor árabe de Sociología que les hablaba de jabibi Marx, jabibi Durkheim, jabibi Webber. Jabibi significa amigo, según sabemos.

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