Saludos Gimmy, si se pone la cosa muy mal recuerda que todos tenemos un primo Venancio en prisión, y si tú no tienes familia yo te presto a mi primo. Si cabes en una cajetilla de cigarros igual hasta te saca.

Pero antes de tu gran escape, puedes ayudarnos a definir la frontera entre sonreírle a una desconocida que se sentó enfrente de ti en el tren ligero y el acoso sexual. Es para un amigo.

Cerdo Venusiano. 

Gracias, gracias, Lechón interplanetario. Muy amable tu condescendencia y ofrecimientos, pero la verdad es que Daniela se inventó eso de que la estoy pasando mal y lloro en la oscuridad de mi celda solamente para subir el tráfico de la página. Ya sabes lo que dicen, el drama vende; y Daniela es una jovencilla insegura: no le creas todo lo que escribe. La verdad es que yo me lo paso genial en Puente Grande. Un día si quieres vienes a mi penthouse carcelario: tengo piscina, aire acondicionado y guardias que la hacen de camareros con frac y zapatos lustrosos y todo. ¿Te gusta el coñac o prefieres el vino de La Rioja?

También puede venir tu amigo ése que les sonríe a las desconocidas en el Tren Ligero y así discutimos más a fondo sus problemillas. Por lo pronto, vamos dándole a tu amiguito una lección básica sobre los hábitos y manías de esos seres absurdísimos a los que llaman mujeres.

Tu amigo -¿es un lechón verde también?- debería de saber que bueno, bueno, las mujeres se las dan de muy santas y feministas y van por ahí diciendo que el acoso sexual callejero es cosa de barbarie, pero la verdad es que mienten.

Mienten por lo menos un poco. Imagínate a todas las chicas como avatars de ese jueguito que se puso de moda por allá a principios de la década cero –Los Sims, creo que se llamaba. Van por ahí caminando como modelos en 3D muy torpes y con un rombito verde arriba de la cabeza. Y tienen, ya sabes, barritas para muchas cosas: la barra del hambre, la barra de la higiene, la barra del éxito y las satisfacciones personales vacías del mundo capitalista. Y claro,  ¿por qué no? También está la barra de la atención masculina.

Esto en realidad es más bien como una barra de sentirse bonitas y obedece a un instinto primitivo, así que todas la tienen. Todas, todas, todas, hasta las feministas; con excepción quizás de las monjas y seres análogos –No me preguntes qué considero análogo a una monja porque no estoy seguro… ¿tu amigo le sonrió a una monja?

Ya te imaginarás qué cosas suben la barra y sí: también la suben los piropos de albañil, los tipos montados en la caja de una pick-up que se les quedan mirando las piernas y los amigos de cerditos que les sonríen en el tren ligero.

Sólo que hay aquí dos consideraciones importantessecretos de los grandes maestros:

La primera es que las chicas también están en posesión de algo así como… bueno, una especie de moneda de cambio a la que llamaremos de manera arbitraria Los Tokens de no Sentirte Puta. Prestarle atención a un hombre para subir su barra de atención masculina le cuesta a una chica –pocos o muchos- Tokens en proporción a qué tanto le responda y a qué tanto la emputezca la expresión con la que el macho decide comunicarse con ella.

La segunda cosa que debes contarle a tu amigo es que no todas las expresiones de atención masculina suben la barra en la misma medida: en general podríamos decir que la barra sube en una cantidad directamente proporcional a variantes tales como el atractivo físico del sujeto, su condición socioeconómica y la calidad de sus encuentros previos con la chica.

El resto son cálculos matemáticos.

En tu ejemplo del tren, si yo, con mi pielecilla morada y mi uniforme de la cárcel, salto en un vagón en la estación Juárez, le sonrío con lascivia a una chica y encima le digo algo como que Quisiera ser microbusero para subirla en la parada, ya te imaginarás el resultado.

Su barra de atención no subirá gran cosa –a penas la satisfacción de saber que los tumores también la vemos como carne apetitosa- y encima, como mi interacción fue de alto coste, la chica sentirá que le pido muchos Tokens –que sea muy puta- a cambio de un pobre o nulo potencial reproductivo -¿has visto a los hijos de un tumor, lechoncillo?

Así que la única forma de salirle al paso a una transacción fraudulenta como la que le propongo es rechazándome y hasta haciéndose la enojada y ahí lo tienes: dirá que Gimmy el tumor la estuvo acosando sexualmente en el tren ligero. ¡Habráse visto!

Porque, ¿tú te crees que la ecuación es la misma si soy Jared Leto y le hago el mismo piropo desde un auto deportivo? Seguiré pidiéndole muchos Tokens, pero si un tipo le ofrece hijos sanos y una casa en Beverly Hills, eso de ser puta ya costea.

Tampoco es lo mismo si aún soy Gimmy, le cedo mi asiento en el tren y luego le dedico una sonrisita amable y asexuada. No tan asexuada, porque los asexuados absolutos se van a la friendzone.

Así que básicamente el que sea acoso o no depende del grado de lascivia de la sonrisa, de la fealdad y la pobreza aparente de tu amigo en relación a la fealdad y la pobreza de la chica y de algunos otros factores de menor importancia.

Si tu amigo se encuentra por debajo del Umbral de Fealdad Tolerable –varía según cada chica- no habrá mucho que pueda hacerse. Siempre, sin falta, lo que tu amigo haga será considerado como acoso.

Tengo algunas fórmulas matemáticas que ilustran mucho mejor todo esto, pero sospecho que a los lectores no les gustan las matemáticas. No hay nada que pueda hacerse por ellos, están condenados, así que espero que esto te haya servido (a tu amigo).

Recuerda que meterle mano a una chica y cosas por encima de ese nivel casi siempre es acoso o incluso apelativos más graves. A las chicas no les gusta el exceso de confianza.

Ten suerte en tus aventuras hormonales,

Tu Amigo Gimmy.


Gimmy y yo les recordamos que tenemos abierto el consultorio. Las preguntas que lucen urgentes se responden antes que las otras, y, el resto, lo hacen según el orden de llegada.

Si tienes un lío de faldas, una bronca familiar, un jefe molesto o necesitas un tip terrorista, no dudes en escribirle a nuestro consejero Gimmy utilizando este formulario:

Si quieres saber más sobre Gimmy y sus fechorías, puedes leer su historia completa aquí y un breve resumen acá.

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