Gimmy. Tengo un gran problema con un tipo que, bueno, es inmortal. No es un vampiro ni ninguna de esas cosas raras que tiene su mundo. En el mío, pues ser inmortal es sólo eso. Tiene una vocecita chillona que no me deja en paz ni cuando duermo. Porque, Gimmy, él no sólo es inmortal. También lee la mente e inserta en ella sus pensamientos. ¿Qué puedo hacer para que me deje en paz? Porque, pues matarlo no sirve, ¿sabe? Y no es que yo no sea creativo, pero no puedo pensar en nada porque apenas lo haga él ya sabe qué haré. Necesito su ayuda.

Dóllan Alastar

[Así que me escribe este tipo que dice que no sabe qué hacer con su amiguito inmortal. Seguro es un niño, digo, ¿quién más tiene amiguitos inmortales? Dóllan Alastar, dice que se llama. ¿De dónde habrá sacado ese nombre? ¿De un obituario? ¿Del basurero? Seguramente.]

A ver Dóllan, la verdad es que no entiendo tu problema.

¿Te molesta tener un amigo –perdón, ¿un conocido?, ¿un amante?, ¿un cobrador de impuestos? Es que no especificas cuál es tu relación con el tipo- inmortal? ¡Pues qué ciego eres! Los inmortales somos los mejores amigos que un iluso puede pedir: corremos riesgos, somos imparables, nunca tendrás que llorar por nosotros o ir a nuestros funerales y chance y hasta te pegamos un poquitito de nuestra magia. Ya sabes, mi magia es que mis células son inmortales y cancerosas, pero igual es una cosa como de magia que no ves todos los días, ¿o sí? ¿Qué nadie te ha dicho esa pavada de que hay que valorar las cosas, vivir el presente y ser feliz con lo que tienes?

Porque me parece que ese sujeto es un tipazazo –alguien como yo, tal vez- y tú le estás haciendo el feo por nimiedades absurdas. ¿Qué si tiene una vocecita chillona? Bueno, no todos podemos cantar a capella, ¿sabes? Hay que ser tolerantes. Seguro tú te cargas tus propios defectos. Tal vez hueles feo o no te bañas o masticas el chicle con la boca abierta y que yo sepa nadie me ha escrito “Gimmy, Gimmy, ayúdame porque tengo un amigo que mastica el chicle con la boca abierta y no sé qué hacer con él, ayúdame, libérame y sálvame de este infierno, por favor, ¡ay!”. (Ok, exageré) A veces hay que apechugar con los defectos de los otros.

Te digo esto porque quiero pensar que lo que te molesta es solamente su vocecita chillona y no eso otro que dices de que… ¿qué? ¿Qué tu amigo lee la mente y te susurra ideas macabras hasta en tus sueños? Voy a suponer que no eres esquizofrénico y que tu amigo de verdad existe, ¿ok? Por el bien de todos nosotros.

Y… bueno, si no eres esquizofrénico la verdad es que tampoco le veo el problema. A no ser que seas uno de esos hombrecillos de carácter endeble que se dejan influir por vocecitas porque a ver, ¿crees que el Señor Hostal y yo no compartíamos el mismo cerebro y que el muy nimio no me decía “Gimmy, Gimmy, por favor, no quiero matar a mi esposa” y trataba de imbuirme de sus ideas de paz y perdón hacia todos los hombres? ¿Y crees que yo me doblegaba? Uno tiene que ser firme, Dóllan. Tienes que mostrarle quién lleva los pantalones adentro de tu cabeza.

Si se va a meter en tus pensamientos, ¡pues que se meta! ¿Tú crees que Sun-Tzu se dejaba influir por vocecitas en su cabeza? ¿Crees que Luis XIV lo hacía? ¿Y Stalin? ¿Crees que un gran hombre se anda quejando por esas nimiedades, Dóllan? ¡No seas quejica!

Ya, pero seguro eres uno de esos tipos taimados, amables, que van por ahí sin querer echarle pleito a la gente. Y lo entiendo, pues. Hay gente que tiene ese carácter, ¿qué le vamos a hacer?

Entonces escucha mi receta:

Dices que no sabes cómo librarte de tu amigo porque el tipo te lee la mente y se anticipa a todos tus actos. Dices que lo quieres lejos de tu vida. Bueno, ¡pues fácil!

Todos los tipos –hasta yo, que soy el más rudo- tienen una debilidad absurda. Ya sabes, quizás a tu talón de Aquiles inmortal le den miedo las tazas con dibujos de ranitas o le dé muchísimo asco la mayonesa. ¿Sabes de lo que te estoy hablando?

Bueno, pues entonces descubres esa debilidad y –suponiendo que su debilidad es la mayonesa- cada vez que te encuentres a tu amigo o que lo sientas que anda hurgando en tu cerebrito, ¡plop! Te pones a pensar en mayonesa. Sándwiches, asquerosos sándwiches rellenos de mayonesa. Ensalada de coditos con mayonesa. Ensaladilla rusa con mayonesa. Gente bebiendo mayonesa con un popote. Mayonesa saliendo de la regadera y cubriendo el cuerpo de mujeres hechas de mayonesa. Tsunamis de mayonesa arrasando Japón y causando accidentes nucleares de mayonesa en un apocalipsis de mayonesa. Tu imaginación es el límite –dijiste que eras un tipo creativo, ¿no?

Pues ahí lo tienes. Verás que tu eterno adversario no vuelve a husmear en la mayonesa de tu mente en toda su vida –que será muy larga, por lo que me dices.

Ahí me cuentas cómo sale, Dóllan.

Te desea lo mejor,

Tu amigo Gimmy.


Gimmy y yo les recordamos que tenemos abierto el consultorio. Las preguntas que lucen urgentes se responden antes que las otras, y, el resto, lo hacen según el orden de llegada.

Si tienes un lío de faldas, una bronca familiar, un jefe molesto o necesitas un tip terrorista, no dudes en escribirle a nuestro consejero Gimmy utilizando este formulario:

Si quieres saber más sobre Gimmy y sus fechorías, puedes leer su historia completa aquí y un breve resumen acá.

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