Contrario a lo que pudiera pensarse, no soy nada exigente al momento de ver películas en el cine. Basta con que mi novio diga “Vamos a ver tal” para que yo diga “Claro, vamos.” Y esto no obedece a ningún delirio patriarcal. Simplemente sigo la lógica de que suelo tener más ganas de pasar un rato con él que de no ver determinada película sólo porque me parece fea o ñoña.

Es así como terminé viendo Godzilla en mi último cumpleaños. Es así como terminé viendo Avengers Age of Ultron pese a que no le tenía ninguna fe y menos después de aquella discusión que se desató en un absurdo grupo de Ciencia Ficción –en el que se habla de todo menos de ciencia ficción- al que pertenezco en Facebook.

La discusión iba porque el señor Soyunartista Iñárritu dijo que las películas de superhéroes son propaganda y fascismo cultural y el señor Robert Downey Ironman le dio la razón le respondió con un comentario que hasta sonó racista y latinofóbico.

Así que estaban los defensores de las películas de superhéroes porque, son muy bonitas y nos enseñan a trabajar en equipo; y los detractores de Iñárritu porque él a qué viene a opinar, si sus pelis son pura mierda aburrida.

Como me encanta opinar donde no me llaman, metí mi cuchara para decir que el buen entretenimiento no debería de ser ni una película espesísima e incomprensible como las que hace Iñárritu, ni tampoco una pastrofia dominguera –sí, me acabo de inventar lo de pastrofia- cargada de ideología salvacionista como las películas de superhéroes. El buen entretenimiento está escondidito en algún punto intermedio: nos divierte, pero también nos dice algo interesante acerca de la condición humana.

Algunos dirán que las películas de superhéroes también dicen cosas sobre la condición humana y no niego esto del todo, pero igual haber visto Avengers Age of Ultron me demostró que lo que no me termina de convencer de las películas de superhéroes es, por un lado, la superficialidad con la que se tratan los temas; y, por el otro, el que estén basadas sobre una ideología que deposita demasiada fe en la raza humana.

La superficialidad se las perdono porque son películas para adolescentes. Que Ultrón dé risa en lugar de resultar amenazante se las perdono porque uno no va a ver Avengers esperando ver Yo Robot -que, hasta en su adaptación cinematográfica reciente, expone ochocientas cuarenta y cinco veces mejor esta idea de la inteligencia artificial a la que diseñaron para proteger a la humanidad… pero a la mera hora se le bota la chaveta.

Lo que no termino de entender es, ¿cuál es la necesidad de salvar a la humanidad siempre? Al final de la película, el sujetillo chistoso que tiene la piel roja le dice a un moribundo Ultrón que lo que él no entendió es que los humanos son imperfectos, pero hay belleza y encanto también en sus errores.

Ultrón quería destruir a la humanidad por motivos muy legítimos: los humanos son muchos, se aparean como plaga, huelen mal y hacen guerras para pasar el rato. No hay forma de protegerlos y, en realidad, todos estaríamos más felices -piensa Ultrón- si los destruimos y los reemplazamos con robotitos mucho más conscientes de sus actos.

La reacción natural ante la amenaza de extinguir a nuestra especie es la defensa a cualquier costo, por eso deben salvarnos los superhéroes; pero la simplonería con la que se tocan los temas en estas películas hace que saltemos de inmediato del “los humanos son malos” al “sí, pero ¿te gustaría extinguirte? ¿No, verdad?” sin mediar por un sensato cuestionamiento de qué rayos estamos haciendo los unos con los otros o de si existe alguna posibilidad real de mejorar la manera en la que conducimos nuestras sociedades y nuestra especie.

De cierto modo, es como si las películas de superhéroes nos dijeran: “Tú te quejas de que hay explotación, guerras y atentados contra el medio ambiente. Pero esto podría ser peor. Un robot malote podría matarnos a todos, ¿sí sabes eso?” y la perspectiva de lo peor hace que no busquemos alternativas. Hace que afiancemos la única opción y el único modo de vida que creemos que tenemos.

Es un a la humanidad, pero un sí ciego y sin objeciones.

Siempre me ha dado desconfianza la gente que se tiene demasiada fe a sí misma. Me pasa lo mismo con la idea de que la humanidad se afirme a sí misma sin cuestionarse nunca. El supuesto progreso ascendente de nuestra cultura y de nuestra civilización es el resultado de un movimiento siempre afirmativo. Decimos que sí a los progresos tecnológicos, decimos que sí a las innovaciones en los sistemas de producción, en la economía y en los estilos de vida. Decimos que sí a todo porque creemos que la humanidad es buena per se y es bueno que ascendamos como especie, pero creo que si estamos ahora donde estamos –con un montón de crisis y conflictos globales- es precisamente porque, como especie, nos hemos dicho que sí a todo y no tenemos el hábito de cuestionarnos las cosas.

Por eso me parecen simplonas las películas que nos dicen que debemos continuar con este movimiento afirmativo y supuestamente ascendente. Digo, yo igual diría que sí si me amenazara un robot, pero, ¿me está amenazando un robot? ¿No, verdad? (Rosa, tú no cuentas)

Entonces preferiría una película que me diga que tal vez, que la humanidad vale la pena tal vez si cambiamos el rumbo; en lugar de decir que  como una máquina de afirmaciones automáticas.


Por cierto, el título de esta entrada es verídico. Un par de tuits en contra de Avengers y ya lo dejan de seguir a uno. No aguantan nada, de veras.

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