Hace unos cuatro meses me dio por leer noticias nacionales. Vivía a dos países de distancia y no sólo quería sentirme conectada, sino que además estaban pasando cosas tan raras que habría sido insensato perdérmelas.

El país estaba agitado, había manifestaciones a diestra y siniestra y gente que vivía en el mundo del anime y los videojuegos era detenida por vandalismo en manifestaciones políticas. Esto debía de ser el fin del mundo: una parte de mí temía regresar a México sólo para encontrarme con que kaput! Fin, ¿te acuerdas de México? Pues nosotros no: ya lo enterramos en los agujeros de la Historia. Lo metimos en el bolsillo y se salió. Ya no hay país, querida.

Pero Newton tuvo más razón que todos y el país siguió en pie por pura inercia. Después, eso por lo que tanto se manifestaban –los 43 estudiantes desaparecidos por el Estado- se les olvidó un poquito y si no se les olvidó por lo menos dejó de ser Trending Topic. Se fue al fondo de los feeds de Twitter y Facebook.

Y no es la primera vez que algo se va al fondo de los feeds. En el 2012, antes de la elección que puso al copetudo éste en la silla presidencial, todos eran 132, se manifestaban en las universidades y en las redes sociales había una actividad tal que llegué a ver hasta documentos dirigidos al ejército en los que se les invitaba a participar en un golpe de Estado.

¿Qué pasó con todo eso? Nada. Se fue al fondo de los feeds porque hace cuatro meses los golpes de Estado y #YoSoy132 ya no eran cool. Lo cool ahora era ser Ayotzinapa y gritar Vivos se los llevaron, vivos los queremos. Ahora lo cool es pedir que Aristegui regrese a su noticiero porque su despido pone de manifiesto las abstrusas grietas de la libertad de expresión en el país.

¿Y cómo se arreglan las cosas? Pues firmando peticiones en Change.org para que Aristegui se postule para presidenta en el 2018. Dándole unfollow masivo a las cuentas de Twitter de MVS, la cadena que despidió a la periodista; porque claro, se aplica la misma lógica de darle unfollow a tu exnovio y así un unfollow arregla al país y hasta nos arregla la vida.

No niego que detrás de estos acontecimientos se adivina una espiral de creciente descontento ante el sistema y ante los partidos políticos tradicionales. Pero a veces creo que nuestra condición de millennials nos va a jugar una mala pasada.

Como millennials –seres que viven solamente en el mundo de lo inmediato-, nuestro rango de atención es el de una tilapia recién pescada y nuestra memoria, la de una bacteria. Así que no es de extrañarse que no consigamos crear un movimiento de acción duradera y que todo se quede en la euforia de los Trending Topics.

Y encima de todo, nuestro hibridismo virtual tampoco juega precisamente a nuestro favor. Hay gente que dice que el internet y las redes sociales son o serán herramientas para una sociedad más democrática. No sé si esto será verdad algún día, pero por ahora me da la impresión de que las redes sociales sólo nos dan el poder de hacer mucha alharaca mientras seguimos siendo fundamentalmente impotentes. Claro que esto tampoco importa, porque toda esa alharaca se apaciguará en cuanto los dedos se cansen de teclear, el olvido nos alcance o aparezca un nuevo Trending Topic más digno de nuestra atención y de nuestros comentarios.

Ojalá alguna vez este mundo virtual de verdad nos sirva para enriquecer la política y la participación ciudadana, pero, de momento me parece que sólo nos sirve para crear narrativas que son además la misma narrativa de siempre: la del mártir moralmente intachable enfrentado a fuerzas oscuras (véase los casos de Aristegui y de los normalistas) y esto está muy bonito, pero, ¿no creen que se parece ligeramente a una telenovela? Sólo que aquí, claro está, los malos nunca se quedan inválidos ni son arrojados al precipicio y  nunca hay, en suma, uno de esos finales felices de telenovela mexicana.

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