Este post podría contener spoilers sobre el animé Code Geass. Leálo sólo si Code Geass no le importa o si ya terminó de verlo y por lo tanto ya no le arruinaremos nada. 

Me llamó mi prima trabajadora social que vive en Los Cabos. Me estuvo contando sobre su nuevo trabajo en la dependencia del gobierno que se ocupa de la educación de los adultos y sobre cómo ahora que está ahí, “tendrá la oportunidad de cambiar las cosas desde adentro.”

Me eché a reír cuando dijo eso de cambiarlascosasdesdeadentro. Tuve que decirle que no estaba siendo grosera, es sólo que nunca había escuchado a nadie en la vida real decir una frase como ésa. Se la había escuchado solamente a Suzaku Kururugi, un personaje de mi animé favorito.

Como ya estábamos metidas en una conversación infinita, le hablé a mi prima de cómo en Code Geass dos personajes buscan ponerle fin a los excesos del Sacro Imperio de Britannia: uno es Lelouch, el que es guapísimo y usa una capita negra. Lelouch es un renegado, un terrorista: él quiere destruir a Britannia y hacer el mundo arder. El otro es Suzaku, el mejor amigo ñoño de Lelouch: Suzaku se enrola en el ejército de Britannia y sueña con cambiar el sistema desde adentro.

Cuando mi novio y yo vimos el animé, nos burlamos a morir de la ñoñez de Suzaku y alabamos el genio estratégico de Lelouch, pero, en realidad, Code Geass plantea los dilemas morales de las dos posturas: Lelouch se corrompe y comete verdaderas atrocidades para perseguir sus fines legítimos. Suzaku tiene que obedecer órdenes de personajes abyectos y anteponer sus deberes militares a la lealtad a su nación y a su familia.

Uno se pregunta constantemente quién tiene más razón: el ñoño del trajecito blanco o el estratega de la capita negra. Uno se puede hacer esta pregunta al menos una vez en la vida: cuando piensa en la revolución o cuando tiene deseos de cambiar el mundo. Todos nos hicimos esta pregunta este año 2014, cuando se encendió la mechita de la inconformidad y nos cuestionamos si el cambio debe venir con una reforma a las instituciones o hay que adherirse a métodos más radicales.

Code Geass muestra que es difícil institucionalizar una revolución porque los métodos radicales exigen una cantidad de odio y energía destructiva que son difícilmente compatibles con el deseo de construir una nación pacificada. Para triunfar, los líderes revolucionarios se ven obligados a despertar tanto fanatismo que son incapaces de promover la verdadera libertad y destruir las estructuras totalitarias contra las que iniciaron su militancia. Por otro lado, el camino de la reforma está sembrado de corrupción y de incompetencia.

En este punto, yo ya estaba probablemente tan emocionada hablando de mi animé favorito, que mi prima me dijo que por eso le gustaba hablar conmigo: “Es que no has cambiado nada. Sigues siendo la misma chica.”, me dice. Claro. A los trece años las dos veíamos animé y hablábamos de eso todo el tiempo. Ahora ella es trabajadora social y quiere cambiar el sistema desde adentro. Yo… bueno, yo sigo usando referencias de animé para hablar de los asuntos que me preocupan. Y sigo queriendo escribir algo que sea como Code Geass: una obra de ficción que comunique ideas frescas con toda la belleza de su lenguaje.

A veces me parece que crecemos mal: unos crecen para convertirse en personas serias que construyen el mundo pero no tienen tiempo para leer ficción ni para ver caricaturas. Otros seguimos viendo caricaturas y somos tomados por inmaduros y retardados. Las personas serias prefieren aprender de la Historia que está en los libros, pero la Historia tiene un defecto: no ha podido ir más allá de nuestras propias limitaciones. En cambio, la ficción puede enseñarle a la realidad las respuestas que no ha sido capaz de encontrar ella sola.

En Code Geass, al final, Lelouch gana la revolución pero le entrega el poder a la persona más noble que conoce, al único que, como es un ñoñazo, nunca va a corromperse ni a convertirse en un líder totalitario: a Suzaku. Me gustaría pensar que si todos los que han soñado con revoluciones hubieran visto Code Geass, ya sabrían exactamente por dónde tiene que ir la cosa.

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